En la oscuridad de la cueva el tiempo parece detenerse. Nada más lejos de eso, el agua sigue circulando, a veces de forma silenciosa, otras no tanto, y poco a poco va creando de forma lenta pero constante.

De hecho es esa constancia a lo largo de miles de años la que ha dado como resultado las sugerentes formas (espeleotemas) que hoy nos gusta contemplar en estos espacios subterráneos. Entre ellas, hoy elegimos las estalagmitas, esas formas alargadas que van ganando altura desafiando a la gravedad con su crecimiento hacia el techo. Se forman a partir de la precipitación de carbonato cálcico que puede estar saturado en el agua que cae desde una estalactita en el techo. Cada gota puede dejar un aporte de carbonato cálcico (calcita) en el suelo que con el tiempo se va acumulando en capas formando estalagmitas en esos puntos de goteo. Sin embargo, esta estructura en capas solo se puede apreciar en el interior de la estalagmita. Por ello, los científicos que las estudian primero deben abrirlas cortándolas longitudinalmente y entonces… “Calcite surprise”. Una vez abierta la estalagmita es como un libro que cuenta una historia diferente. Su lectura requiere del muestreo del carbonato de sus capas para analizarlo químicamente. Después, hoja a hoja o capa a capa, habrá que traducir la información. Conocer cómo funciona en la actualidad la cueva, en la que se forma una determinada estalagmita, nos dará las claves para descifrar la escritura en sus hojas.

Corte longitudinal de una estalagmita en el que se observa laminación, capas de diferentes tonos.

En realidad, estas capas nos resultan familiares al verlas en un corte transversal, pues se asemejan a los anillos que podemos observar en los troncos de los árboles cortados. La información que nos pueden dar es de alguna forma parecida. Estudiando los anillos de los árboles podemos obtener información sobre la temperatura o la cantidad de lluvia en el momento en el que árbol estaba creciendo que queda reflejada en la velocidad de crecimiento del anillo (un anillo/año).

Corte transversal de una estalactita (izquierda) y corte transversal de un árbol (derecha).

La ventaja de las estalagmitas es que almacenan mucha información climática (ya que se forman a partir del agua de lluvia que llega a la cueva) desde hace varios miles de años, aportando un registro preciso mucho más antiguo que el que aportan los árboles de nuestro entorno. Sin embargo, su datación es un poco más compleja, pues no se deduce contando anillos como en los árboles.

Para poner edad a las capas de una estalagmita se utiliza el método del uranio-torio. En este método se analiza una señal (la relación entre los isótopos de uranio y torio) que procede de la desintegración del uranio que queda incorporado en el carbonato cálcico al precipitar. Es un método de datación de gran precisión en condiciones adecuadas, que permite datar el carbonato cálcico de hasta hace medio millón de años.

Conocer la edad de los espeleotemas nos sirve para hilar muchas historias de la cueva, pero también podemos obtener más información de las estalagmitas, como la que nos aporta el análisis de isótopos de oxígeno y de carbono. Así podemos conocer la abundancia relativa de los isótopos de estos elementos a lo largo de su eje de crecimiento, lo cual nos indica momentos más fríos o más cálidos y momentos con diferente disponibilidad hídrica. Así mismo, las variaciones en la cantidad de otros elementos químicos (silicio y aluminio), o las partículas (limos o arena) que quedan atrapadas en el interior de las capas, nos informan de momentos de inundación de la cueva en el pasado, en los que las estalagmitas en crecimiento permanecieron bajo el agua.

Las estalagmitas nos cuentan muchas cosas, nos hablan del clima pasado. En la cueva de las Güixas seguimos observando pacientemente su funcionamiento para comprender las claves que nos harán conocer mejor su historia.

 

por Reyes Giménez

Foto estalagmita: Miguel Bartolomé

 

¿Qué son los espeleotemas? http://www.turismovillanua.net/secreto-guarda-la-montana/