Estamos en invierno, fuera hace frío, y en el interior de la Cueva de las Güixas cientos de murciélagos se juntan en las galerías más internas. Algunos pasan el invierno en su residencia habitual y otros han venido solo a pasar la temporada invernal.

El invierno es largo y frío en el Pirineo y la ausencia de insectos deja a los murciélagos sin nada que llevarse a la boca. En la cueva tienen refugio para no congelarse, con una galería que permanece entorno a los 8ºC en invierno. Eligen este lugar para realizar la hibernación que es una gran estrategia para sobrevivir al frío reduciendo el consumo energético al mínimo. Para ello se cuelgan del techo en las salas que hace menos frío y reducen su temperatura corporal aproximándola a la ambiental. Permanecen inactivos, pues no hay energía para nada más que no sea dormir, entrando en una fase de letargo en la que reducen el ritmo cardiaco y el metabolismo al mínimo. En este estado pueden pasar varios meses, mientras dure el frío y no haya alimento, hasta que la primavera llegue con temperaturas más altas y una nueva explosión demográfica de insectos.

Un murciélago grande de herradura (Rhinolophus ferrumequinum) invernante de la Cueva de las Güixas. Otras especies que pasan aquí el invierno son el murciélago pequeño de herradura (Rhinolophus hipposideros), el murciélago mediterráneo (Rhinolophus euryale) o el murciélago de cueva (Miniopterus schreiversii).

 

Con la energía reducida al mínimo no hay cálculo extra para imprevistos, por lo que molestarlos durante la hibernación, pasar cerca de ellos o hacer ruido, puede asustarlos y estresarlos haciéndoles generar un gasto excesivo de energía que puede  provocarles la muerte. En la cueva de las Güixas sus condiciones de intimidad están garantizadas ya que tienen reservadas las zonas apropiadas para su descanso invernal. Allí, en la oscuridad y el silencio, penden del techo como algo sutil y delicado.

Colgados cabeza abajo. Se agarran con la punta de los dedos a la roca como hábiles escaladores, aunque su mecanismo anatómico esta muy adaptado para esto. Tienen los dedos de los pies curvados como un gancho y al final de los dedos uñas largas y curvadas que se anclan en cualquier fisura o pequeño resalte de la roca. Pero esta posición curvada de los dedos la consiguen sin ningún tipo de tensión ni esfuerzo. El propio peso del murciélago tira de los tendones de sus pies bloqueándolos sin esfuerzo y consiguiendo la posición curvada de los dedos. Así se mantienen colgados en posición de reposo, sin gasto extra de energía.

 

Un murciélago grande de herradura se agarra con la punta de los dedos a un pequeño resalte de la roca.

Esquema de un dedo de pie de murciélago. El peso del murciélago tira del tendón hacia abajo bloqueando el dedo en forma de gancho.

 

 

Y aunque estén colgados boca abajo ¡la sangre no se les va a la cabeza! Su sistema circulatorio cuenta con unas válvulas en sus venas que regulan el flujo de sangre manteniéndola distribuida por todo su cuerpo. Es precisamente esto lo que les mantiene a la temperatura adecuada para poder sobrevivir al invierno.

 

por Reyes Giménez

Imágenes: Reyes Giménez

Fuentes:

Woutersen, K. y Bafaluy, J.J. 2001. Murciélagos del Alto Aragón. Kees Woutersen Publicaciones, Huesca.

Altringham, JD. 1996. Bats: Biology and behaviour. Oxford University Press. Oxford