Durante los meses de verano se han recopilado decenas de fotos antiguas de Villanúa, cedidas por vecinos de la localidad, con el objetivo de hacer un catálogo visual que permite conservar los viejos modos de vida y el paisaje urbano de la localidad, sometido a profundos cambios durante el último medio siglo.

La biblioteca de Villanúa, que dirige Mariam Julián, ha contado en los dos últimos años con dos estudiantes recién graduadas que, a través del Programa Arraigo de la Universidad de Zaragoza, se han dedicado primero a recopilar testimonios orales de los mayores del pueblo y este verano fotografías que repasan los últimos cien años de vida de la localidad. Este programa ofrece una línea de becas destinada a recién graduados que quieren hacer prácticas no laborales en localidades de todo el territorio aragonés con las que mantienen algún tipo de vínculo. La biblioteca de Villanúa se ha convertido en centro gestor de este programa de becas.

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Durante este verano, Lucía de la Cal, historiadora del arte y máster en gestión de patrimonio cultural, ha estado recopilando viejas fotografías que muestran desde escenas de la vida cotidiana de Villanúa hasta carreras populares, momentos festivos, secuencias de labranza, el interior de las populares grutas y estampas de un pueblo que poco a poco iba cambiando su fisonomía y también la de sus habitantes. En total se han reunido y catalogado 255 fotografías, aunque el trabajo no se ha finalizado, se trata de un proyecto abierto a nuevas aportaciones y colaboraciones. Para Lucía de la Cal “estas fotografías tienen un interés antropológico y social. Es importante dar valor a este material que a veces está olvidado en los álbumes familiares de las casas”.

A la izquierda Mariam Julián, responsable de la biblioteca de Villanúa; a la derecha, Lucía de la Cal, historiadora del arte que ha dirigido el proyecto de recuperación fotográfica en Villanúa este verano.

La historiadora se movilizó a través de las redes sociales, las llamadas telefónicas, las visitas personales y el boca a boca. “Ha habido de todo -señala-, gente que nos traía sus fotos y nos contaba anécdotas, informantes que podían datar perfectamente las fotos e incluso quiénes salían en ellas y otros que apenas tenían información sobre las imágenes que nos cedían”. En todo caso, el conjunto recopilado, al que se une todo el material sobre Villanúa que conserva la Fototeca de la Diputación Provincial de Huesca (que incluye el valioso archivo de Ricardo Compairé, natural de Villanúa), muestra con detalle cómo era la vida en la localidad oscense a mediados del pasado siglo, la transformación de su casco urbano, los primeros pasos hacia la modernidad de los años 60 y 70, el catálogo de fiestas, festejos populares y celebraciones y los últimos suspiros de una sociedad agrícola y ganadera empujada a colgar el arado y recibir a los primeros turistas.

Esta recopilación fotográfica forma parte de un proyecto más ambicioso. Como recuerda Mariam Julián, responsable de la biblioteca, Villanúa carece de una bibliografía relevante sobre su historia, sobre su pasado, “y la gente siempre me transmite su interés por conocer la historia del pueblo”, señala. Como consecuencia de este vacío, Julián comenzó a hablar hace unos años con gente mayor de la localidad para intentar recuperar y conservar los recuerdos y la memoria de un pasado colectivo que, de lo contrario, se iría para siempre con ellos.

En 2021 se incorporó, a través de la Beca Arraigo, la historiadora del arte, Adriana Germán, que continuó y profundizó en la tarea iniciada por Miriam Julián. “Estuvo todo el verano haciendo entrevistas a los abuelos y recuperando testimonios orales que después ordenó y plasmó en un documento. Con el trabajo de recopilación fotográfica que ha hecho ahora Lucía de la Cal podemos plantearnos otros objetivos que completen este proyecto como una exposición o un libro”, explica Sanjuan.