El escritor asturiano Francisco Bescós, autor de novelas tan celebradas como “El baile de los penitentes” y “El porqué del color rojo”, recibirá el premio “Villanúa Rural Noir” que va a conceder por primera vez la organización del festival que dirige el escritor zaragozano, Ricardo Bosque. Bescós ha desarrollado una prolífica carrera literaria y está considerado uno de los autores más destacados de la novela negra española. Sus producciones literarias ambientadas en Calahorra, en las que da vida a la teniente de la Guardia Civil, Lucía Utrera, han arrastrado a miles de lectores y han creado escuela. En estos momentos el escritor nacido en Oviedo en 1979 está trabajando en la tercera entrega de la serie. En 2019 ya fue galardonado con el III Premio de Novela Cartagena Negra con su novela “El porqué del color rojo”.

En esta entrevista habla de lo que representa en su carrera el encuentro de Villanúa, del que es asiduo, y de lo significa para él el hecho de ser el primer autor galardonado con el Villanúa Rural Noir.

¿Qué supone para ti ser el primer galardonado con el Villanúa Rural Noir, premio que se instaura en esta sexta edición del VillaNoir?

Es un honor y, sobre todo, una sorpresa. Hoy día, hay un gran número de autores escribiendo buenas novelas, o al menos luchando por hacerlo cada día mejor. Recibir un premio, no ya por haber escrito un libro, sino por estar colaborando en la construcción de un género, el noir rural, es un reconocimiento que no me esperaba. Yo, entre tanta gente como hay.  Y, al mismo tiempo, para personas de naturaleza insegura, como yo, también tiene algo de trampa. Ahora tengo que demostrar que este premio no ha sido fruto de la suerte; me veo obligado a esforzarme en mi próximo título para darle la razón a quien ha tenido la gentileza de dármelo.

Eres un asiduo del Encuentro de Villanúa. ¿Desde tu experiencia, qué ofrece VillaNoir que no se encuentra en otros certámenes de su género que se celebran en España?

Recogimiento. La posibilidad de centrarte en lo que nos interesa es mucho mayor entre montañas apartadas que entre los edificios de Barcelona, o junto a las playas de Valencia o Gijón. Villanoir es como unos ejercicios espirituales desacralizados, en los que, en lugar de rezar, hablamos de maldades y bebemos vino.

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¿VillaNoir es un encuentro de autores o de lectores?

Es un encuentro de autores con lectores. El más consciente. Esto tiene que ver con la anterior pregunta. En otros festivales, en poblaciones más grande, el autor es un “turista” más, una persona anónima que camina por calles atestadas. En Villanúa todo el mundo sabe quién es el autor y puede acercarse a él.

En alguna ocasión has afirmado que la novela negra funciona mejor en el entorno rural. Hay colegas tuyos que sugieren todo lo contrario, que es más fácil “asesinar” en un entorno urbano. ¿Por qué te atrae tanto lo rural y escenarios como la Semana Santa o la vendimia?

Bueno, si afirmé eso, quizá fue motivado por los excesos de la promoción, porque yo disfruto tanto la novela urbana como la rural, aunque, por el momento, como autor, estoy sacando lo mejor de mí mismo en la segunda. Yo creo que la expresividad artística es enemiga de las afirmaciones maximalistas, o debería serlo. Leí por ahí algún defensor de la exclusividad del noir urbano que decía que la ciudad “tiene más matices”, pero luego no los enumeraba. El campo también tiene matices, Calahorra no se parece nada al Tomelloso donde García Pavón situaba las novelas de Plinio. Cada pueblo posee una cultura interna, unas normas intransferibles que son muy jugosas para enriquecer una novela negra. En mis historias puedes descubrir cosas que a mí me fascinaron, como el juego de los borregos, las procesiones de Semana Santa, el estado de nerviosismo que produce la vendimia, la personalidad de los traficantes locales… ¡Todo eso son matices! En todo caso, defender esto no está reñido con aproximarse a la novela urbana, como lector, y, posiblemente algún día como escritor, dado que vivo en Madrid y estoy casi forzado a ello.

La teniente de la Guardia Civil, Lucía Utrera, es uno de tus personajes más conocidos, perteneciente a una institución muy arraigada en el mundo rural. ¿Se pueden escribir historias universales desde lugares pequeños como, por ejemplo, Villanúa?

Se pueden escribir historias universales desde una isla desierta perdida en el Pacífico, como hizo Daniel Defoe en Robinson Crusoe, e incluso se pueden escribir historias universales en una madriguera de conejos como hizo Richard Adams en La colina de Watership. Las historias universales solo requieren un conflicto dramático propio de un ser humano. La supervivencia. La ambición. El fracaso. Los celos. El miedo.

Y hablando de escenarios novelescos… ¿Qué te inspira Villanúa? Más allá de su encuentro de Noir, ¿podrías contemplarlo como un escenario para una próxima novela?

Villanúa me inspira muy buenos recuerdos y muy buenos sentimientos. ¡Porque me han premiado! Me sería difícil inventar una historia de violencia y crímenes en una localidad en la que he pasado tan buenos ratos. ¡Quizá una comedia romática!

¿Te consideras de algún modo el autor de referencia del noir rural español? ¿Qué otros autores recomiendas?

Jajajaja. ¡No! No puedo considerarme autor referencia de nada. He escrito un par de buenas novelas y aún no me puedo creer que se valoren tanto. Tengo mucha carrera por delante, para demostrar que estos reconocimientos estaban acertados. Pero al mismo tiempo, una vida un poco tormentosa, que no me deja dedicarme demasiado a esta pasión: niños, trabajo, la discapacidad de mi hija… Cada página que completo, me siento como Leonardo Dicaprio escapando una vez más de la muerte en El Renacido. Por supuesto que hay otros autores que están escribiendo unas novelas de corte noir y rural de gran calidad. Se me ocurre ahora La forastera, de Olga Merino, que no sé si podría clasificarse como novela negra, pero desde luego que debería leerse como una de las mejores obras de la última década.

¿Cuál es el momento que atraviesa el género negro español? Has señalado también que los autores noir deben salir de los marcos rígidos del género y experimentar para no caer en la repetición…

Efectivamente, creo que la mímesis es un problema que surge como consecuencia lógica de la sobreproducción. Somos muchísimos autores, escribimos muchísimo, encontramos siempre dónde publicar, ya sea en editoriales grandes, independientes o de autopublicación. Si los lectores, que ya son pocos de por sí, empiezan a detectar un agotamiento del género, se alejarán de nuestro trabajo. Ante eso, una de las fórmulas es conservar la esencia de la novela negra, pero desafiar sus fronteras. La mencionada Olga Merino o David Llorente o Esther García Llovet o Dolores Reyes o Carlos Zanón son ejemplos a seguir. Pero también es posible escribir novelas canónicas que seduzcan a los lectores mediante otra estrategia: la autoexigencia. Eso pasa por no empezar a redactar hasta que no tengas en mente una historia que creas distinta, explosiva, nunca contada; y por no darla por terminada hasta que no creas que has exprimido todas las posibilidades que te da (desde unos escenarios inolvidables hasta unos personajes llenos de carisma).

Estas trabajando en una nueva novela, que sigue la saga de Lucía Utrera. ¿Qué nos puedes anticipar?

La próxima novela de Lucía Utrera tiene trama y personajes, pero aún no son más que un boceto en mi mente. Si fuera un avión esperando despegar en un aeropuerto, aún no estaría cerca de la pista. Es posible que los pasajeros aún estuvieran ocupando sus asientos. Mis rutinas de trabajo y familiares me obligan a ser muy selectivo con cada proyecto que comienzo. Lamentablemente, Lucía tendrá que esperar al menos un par de años.