Ricardo Bosque es el director de VillaNoir, el Encuentro Pirenaico de Género Negro de Villanúa, que este viernes inicia su sexta edición. Es un evento superviviente de pandemias, fríos gélidos y nevadas aisladoras, que ha logrado en poco tiempo una fiel militancia compuesta tanto por autores como por lectores. Ricardo nació en Zaragoza en 1964 y reside en la capital, pero desde 2007 pasa todo el tiempo que puede en Villanúa. Escritor de largos silencios y lector voraz de novela negra, un día pensó que su pueblo de acogida, resguardado bajo la mole descomunal de Collarada, podía ser guarida temporal para amantes del género, espacio para la reflexión y también la diversión. En las horas previas al inicio de un nuevo VillaNoir habla de las novedades más destacadas de un evento que cada año tiene la extraña virtud de reinventarse sin perder su esencia.

 

En esta sexta edición se instaura el Premio Villanúa Rural Noir, que la organización ha decidido conceder al escritor asturiano Paco Bescós, habitual en el Encuentro de Villanúa. ¿Por qué se ha considerado importante implantar este galardón y por qué se concede en su primera edición a Paco?

Siempre hemos pensado que VillaNoir es un festival literario que se distingue del resto de los alrededor de cuarenta que se celebran en España en torno al género negro, y uno de sus rasgos distintivos es precisamente la ruralidad, el hecho de ser Villanúa la localidad más pequeña de todas las que organizan un evento de este tipo. Por eso pensamos que esa condición nos legitimaba para conceder un premio anual a un personaje, autor, novela, cómic o serie que pusiera el foco en municipios de pequeño tamaño, una tendencia cada vez más frecuente pues cada día hay más autores que huyen de los típicos escenarios urbanos para centrarse en otros que aportan otros elementos como son la falta de anonimato, la endogamia, los espacios más cerrados…

Y de inmediato pensamos en quien será nuestro primer galardonado, Paco Bescós, autor de dos novelas protagonizadas por una teniente de la Guardia Civil destinada en Calahorra. No solo eso, es que además ambas novelas, “El baile de los penitentes” y “El porqué del color rojo”, viven plenamente ese ambiente rural, centrando sus tramas en dos momentos muy importantes en la vida de cualquier pueblo: la Semana Santa en el caso de la primera de las novelas y la vendimia, tan importante en el campo español en general y en el aragonés en particular.

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¿Qué destacarías de esta nueva edición?

En cada edición tratamos de, al menos, mantener el nivel de la anterior, lo que cada año se nos va poniendo más difícil. Respecto a otros años tal vez haya una diferencia en la estructuración de los contenidos, y es que hemos tratado de organizarlos en torno a un par de ejes que consideramos de gran interés en el género: el jazz, imprescindible en el cine noir de los años cuarenta, y la gastronomía, muy presente en la novela negra, especialmente en la mediterránea.

¿Qué le recomendarías de esta nueva edición de VillaNoir a alguien que se aproxima por primera vez al Encuentro y es un simple lector de novelas de género negro?

Que se acerque sin reparos a un festival que trata de hacer llegar el género a cualquier tipo de aficionado al género con charlas muy dinámicas y entretenidas en las que participan autores y especialistas que no solo tienen grandes conocimientos en la materia sino que, además, los saben transmitir a un público que, año tras año, sale encantado todas y cada una de las mesas. Y este año tal vez haya una que pueda resultar muy atractiva tanto para lectores como para aquellos de disfrutan de una buena película o serie, y es la charla que impartirá una de las mejores criminólogas del país, Paz Velasco de la Fuente, explicándonos cómo se analiza en la realidad una escena del crimen, que a veces poco tiene que ver con lo que podemos ver en las pantallas de nuestros televisores.

Sueles referirte a VillaNoir como un encuentro literario transversal. ¿Qué criterios sigues para diseñar la programación?

Creo que hay dos aspectos fundamentales que no podemos olvidar nunca: la variedad de los contenidos y la amenidad de las charlas, como te decía antes, queremos que la gente disfrute y hasta se eche unas risas aunque estemos tratando de temas en ocasiones escabrosos.

¿Se puede innovar e incluso sorprender en cada edición?

No es fácil, y una de las claves para hacerlo es estar muy al tanto de lo que se cuece en el ambiente literario y lo que se va haciendo en otros festivales para tratar de ser diferentes, con autores que no se prodiguen tanto o temáticas que puedan resultar originales. El premio que concedemos este año es prueba de ello: no queríamos ser otro festival más que premiara a la mejor novela del año o a la mejor primera novela de un autor joven o no tanto o a la escrita en uno u otro idioma de los que se hablan en España; nuestro “hecho diferencial” es la ruralidad y por ahí hemos tirado.

¿Cuál es la respuesta que encuentras en los autores cuando les invitas a participar en este encuentro que se celebra en un pequeño pueblo del Pirineo aragonés?

Los encuentros tuvieron una gran acogida por parte de los autores desde su primera edición de 2017, en la que estuvo presente incluso un primer espada como Lorenzo Silva que no dudo en hacerse mil kilómetros en un fin de semana y en unas condiciones meteorológicas pésimas para estar con nosotros.

A partir de ahí, el trato tan familiar que se les dispensa y la espectacularidad de los paisajes de los que pueden disfrutar ha disparado el boca oreja y la respuesta que me da cualquier autor cuando le llamo para invitarle a la siguiente edición siempre es la misma: “Sí, por supuesto, muchísimas gracias por contar conmigo”. Y hay que tener en cuenta que no es tan fácil llegar a Villanúa como a Madrid, Barcelona o Valencia, sobre todo desde puntos distantes del país.

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¿Crees que VillaNoir y Villanúa han contribuido a que muchos autores del género se planteen ubicar sus tramas en el medio rural?

Recuerdo una mesa que tuvimos hace unos años en la que debatimos sobre las diferencias entre la novela negra urbana y la rural, y hubo un autor que se declaró incapaz de escribir una novela negra ambientada en un pueblo. Pocos meses después publicaba una obra protagonizada por su personajes más conocido en la que le llevaba a vivir a una pequeña localidad del Pirineo navarro.

Por otra parte, el subgénero del country noir o rural noir tiene cada vez más presencia en las librerías, es algo que gusta. Y, por si fuera poco, el premio que hemos puesto en marcha este año -y el autor agraciado con él- ha tenido muy buena acogida entre los autores del género y también entre los lectores más fieles. Quien sabe si el año que viene tenemos un aluvión de aspirantes al Villanúa Rural Noir 2023…

¿Cuáles son las principales dificultades y retos a los que te enfrentas en cada edición?

Algo de lo que hablábamos antes: la innovación, la originalidad en lo que podamos ofrecer. Hay que tener en cuenta que en España se celebran alrededor de cuarenta encuentros de este tipo cada año y subiendo, lo que hace que se repitan temas o autores a menudo y por eso hay que estar permanentemente con la neurona enchufada para ver por dónde podemos diferenciarnos del resto. No es fácil, desde luego.

Literatura, música jazz y gastronomía… ¿La santa trinidad del género negro?

El jazz está muy presente en todo el cine noir y también entre los gustos musicales de muchos de los protagonistas de las novelas del género, no solo en las norteamericanas sino también en las que se hacen en Europa. Y la gastronomía es fundamental en la novela negra mediterránea, desde un fundador del género en España como Manuel Vázquez Montalbán y su detective Pepe Carvalho, el imprescindible autor griego Petros Márkaris o la serie que podemos ver en La 2 protagonizada por el comisario siciliano Salvo Montalbano basada en las novelas de Andrea Camilleri, que disfruta más sentado a una buena mesa que resolviendo el más complicado de los asesinatos. De ahí que este año le prestemos especial atención al aspecto culinario con un taller de cocina con recetas negrocriminales o una mesa en la que combinaremos la literatura con una cata de vinos de Somontano con la que cerraremos la jornada del sábado.

Después de cinco ediciones el Encuentro está consolidado y crece en popularidad. ¿Cuáles son los siguientes retos que te planteas?

Pues en seguir consolidando, en ser cada vez más atractivos para los aficionados del género y en algo que ya hemos comentado antes: innovar, innovar e innovar.