Desde el pasado mes de abril, ya es común en los paseos por nuestro entorno escuchar las ramas de los arbustos mover y ver asomar algún lagarto verde (Lacerta viridis) tras los matorrales.

Exhiben su lomo de color verde, con un moteado negro en los machos, un camuflaje perfecto entre los arbustos.

El lagarto verde saliendo de su guarida bajo una piedra de arenisca roja.

Es “pariente” del lagarto ocelado (de la familia Lacertidae), que aunque es más típico del entorno mediterráneo, encuentra su lugar en posiciones cercanas de la Jacetania, siendo las zonas más septentrionales en las que aparece. Al lagarto verde le gustan los entornos algo más húmedos, aunque su actividad favorita es pasar el rato al sol. Cuando despierta de la hibernación, se mueve durante el día buscándolo.

De costumbres sedentarias, acostumbran a frecuentar pequeñas áreas. En el camino que lleva a la cueva de las Güixas, bajo una gran piedra de arenisca roja (que hace mucho tiempo los glaciares bajaron desde la cabecera del valle hasta Villanúa), tiene su guarida un lagarto verde, al que con cariño los guías de la cueva acostumbran a llamar «Rodolfo«. En los meses de primavera se le ve muchas mañanas tomando el sol sobre la piedra, por lo que es fácil que sea sorprendido por los primeros visitantes de la cueva del día.

Lagarto verde bajo las ramas de un arbusto de boj (buxo).

Si lo ves obsérvalo con sigilo, pues es muy ágil, y al notar tu presencia lo más seguro es esconderse rápidamente, desapareciendo ante tus ojos. Esta habilidad para desplazarse velozmente por el suelo y también para trepar, le sirve en muchas ocasiones para escapar de sus predadores.

Se alimenta de insectos grandes como saltamontes, cigarras, mariposas, también de arácnidos, gusanos, lombrices… En primavera se aparean y pronto empiezan a poner los huevos. Las crías nacerán a finales de verano principios del otoño, con una coloración parda en el lomo que también les sirve como perfecto camuflaje entre la hojarasca del otoño.